Terremoto 19 de septiembre del año 2017.

… Y treinta y dos años después.

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Esperar es lo que más te agobia, tener una percepción de que todavía vive alguna persona y la esperanza de encontrarla viva te tranquiliza por momentos, pero la incertidumbre te mata, te aniquila; el saber y ver que se ha perdido la vida es un aliento quizá doloroso en el momento, pero al fin descanso de tantas y tantas horas de espera, de lucha mental, de angustia, de sentimiento de pérdida, de sentir y no sentir.”

Las imágenes que parecen no moverse, esperando ¿qué? algún movimiento, alguna palabra, un signo de vida y de no poder intervenir, porque hay personas que lo hacen por ti.

Quitar pedazo a pedazo, piedra por piedra, fragmentos de concreto que alguna vez constituyeron un armazón, un techo, una protección, ahora se convierten en tumbas, en celdas frías, aisladas que te impiden moverte.

Nos piden silencio, algo escuchan, algo se mueve, cruje el concreto, cual monstruo te quiere comer, sus fauces te atrapan, no puedes ayudar, te aprieta la fría loza, la humedad reinante, el frío que cala.

¿Por qué no se mueven, qué hacen? ¿por qué tan lentos? ¿qué esperan? este tiempo de silencio es el más largo de toda esta noche ¿qué significa? ¿Ya los escucharon? ¿Ya los encontraron? las varillas, el cemento, son un muro tan grande que pueden ser diez metros, aunque pueden estar a escasos centímetros, pero no logran llegar.

 

Han pasado ya 36 horas, la réplica puede presentarse y acabar con todo, con todos. Ha habido momentos tristes y de esperanza, y hay cosas que se viven más allá del hambre y del cansancio, cuando ves la cara de un rescatista y te sonríe, el sentimiento llega a ser tan grande, tan inmenso, que te logra compensar por segundos; pero desafortunadamente, la esperanza y la ilusión pueden estar teñidas de una muerte anunciada.

Estoy viendo las mochilas, las loncheras, los lápices, tirados, zapatitos aplastados, la imagen triste, me destroza. Algunos niños dejaron todo, otros decidieron ir por sus útiles, no los querían dejar y ahí la señora muerte los tomó, como recompensa, como tributo, como un querer decirnos, que tenemos que cambiar, nuestro México tiene que cambiar ya basta señores políticos de palabrería incongruente, ya basta engañadores, ya basta ladrones de cuello blanco. ¡Ya basta! Les pido como plegaria, que estas muertes no sean en vano.

Estoy aquí, ¿me escuchan? piso y techo casi pagados, apenas escasos centímetros para respirar, para moverse, para llorar, estoy asustada, me siento aislada, sola, triste. ¿Podré ver una vez más a mis padres, mis hermanos, mis amigos, mi familia? No lo sé. La mesa que alguna vez contuvo mis alimentos, ahora es mi tumba fría, me siento cada momento más cansada. ¿Cuánto tiempo, ha transcurrido? ¿Horas, minutos, segundos?. Todo fue tan rápido, quise correr y no pude, de pronto el polvo me cubrió mis ojos, no veía nada, era una neblina que resecaba mis fosas nasales, mi garganta, cerré los ojos como instinto; y ahora estoy aquí, acostada, casi inmóvil, apenas puedo sentir a alguien cerca, no se mueve, no lo oigo respirar, le llamo apenas como un susurro, no me contesta. ¿Estoy muerta le pregunto a Dios? ¿estoy viva? entonces porque no puedo salir, porque nadie me ayuda, el aire tiene aroma a desierto, seco, tibio, de soledad.

Veo tres cascos azules, dos amarillos, uno blanco y uno rojo, parecen que no se mueven, otros rescatistas siguen sacando escombros, las cubetas pasan por encima de las cabezas, sacan trozos de concreto, parecen del piso, veo la “cuerda de vida”, con la que pueden jalar a un rescatista si es que se llega a atorar; la ilusión y la esperanza de que haya más niños, es lo que los mantiene expectantes ¿podrán aguantar todavía algunas horas?

Las posibilidades de que puedan encontrar a alguien con vida, desaparecen cuando la persona tiene un problema clínico agregado, corazón, riñones, cerebro, imposibilidad para caminar, y cuando han pasado muchas horas, la sombra del pesimismo, nos empieza a llenar el pensamiento, es triste, pero la noche empieza cubrirnos y la esperanza aunque muere al último, cada vez es más escasa.

Los Topos los que arriesgan su vida, los que piden silencio, y sus labores son de continuar con el trabajo en todos los grupos ya sea en búsqueda o rescate, cada célula consta de ocho elementos, para así poder descansar y trabajar continuamente. Las labores no se detienen y siempre hay esperanza.

Al momento de entrar, siempre hay temor, el miedo se trae en el equipaje y el coctel de adrenalina te hace pensar que hay personas que están atrapadas y se deben encontrar. La situación es de emergencia, y como ciudadano a veces pensamos que la ayuda no nos llega; es difícil, por el poco número de rescatistas certificados que hay en la ciudad de México, y es complicado en ocasiones estar en todos los puntos en donde nos necesitan. Les pedimos comprensión, porque también somos humanos, necesitamos dormir, ir al baño, comer, descansar.

Los reportes llegan de diversos grupos de rescatistas, tienen mensajes diversos, los equipos de cámara térmica, reportan el calor de los cuerpos, pero al tratar de acercarse, como que se desvanece el registro, esto confunde, hay muchos testimonios; ¿serán las almas de estos niños que están vagando y que por eso no los encuentran todavía? ¿se estarán despidiendo?. Pero, debemos seguir buscando a los cuerpos y pedir a los familiares que recen por todos, por ellos, por nosotros, para seguir buscando, para saber si efectivamente están ahí.

El motivo de que haya sido una escuela y de que las víctimas fueron niños desde los tres años de edad, hace que el lugar sea un referente histórico, icónico, además, había niños en primaria y secundaria en donde las edades frisan entre los 12 a 15 años. De todos ellos, se han ido ya 21 niños, descansan ya.

En otro punto, las labores han sido tan arduas, ya se han rescatado 20 personas, 16 de ellas habían fallecido, apenas cuatro están vivas. La lluvia los ha acompañado en su rescate póstumo. Un edificio, entre los 38 que colapsaron en la ciudad, es la imagen que nos recuerda el siniestro de 1985, gritos, llanto, desesperación, angustia, pérdida. Asombro, incredulidad, esto no puede estar pasando. ¿por qué? Recordar que Dios no castiga, la vida nos cobra todo lo que hacemos con la vida del ser humano, de los animales, de la propia tierra; la estamos acabando, las estamos destruyendo, estamos talando árboles indiscriminadamente, cargando con toneladas de concreto sitios en los que no se debería construir, pero el afán, la avaricia del poder, del dinero mal habido, enloquece a los hombres y mujeres, que deberían cuidarnos, guiarnos, conducirnos.

Son momentos que impactan, que son inolvidables, personas que no han dormido, que siguen hablando, agradeciendo a los rescatistas que arriesgan su vida momento a momento les llevan agua, para que tomen un breve descanso.

Por momentos, desde un silencio estremecedor, gritan los rescatistas identificándose, pero nadie contesta, parece que ya han partido los moradores de los edificios siniestrados, no hay ruidos, no hay voces, solo ese silencio infinito.

Viene un receso, el grupo toma un descanso y entra otro en su relevo, todos de pronto se abrazan, lloran, rezan, recuerdan, a todos y por todos, son las lágrimas de alguien que ha trabajado, son las lágrimas que salen solas, es un reposo de segundos; tienen que seguir trabajando, quitar lozas, piedras, escombros; abrir camino para que pasen los cuerpos sin vida de niños y adultos.

Los padres que no encuentran a sus hijos, caminan, gritan, lloran, solicitan ayuda, que alguien les diga algo, pero nada, caminan como fantasmas.

Cuando veo a los cuerpos de especialistas en rescate, de la Marina, del Ejército, de la Cruz Roja y de tantos otros que han llegado de diversos países; recuerdo al ´85, cuando recibimos la orden (Ejército y Marina) de no rescatar a nadie, solamente servir como vigilantes y cuidadores del orden público. Fue desesperante, no poder e intervenir en las labores de rescate y salvamento. En ese momento comprendí que había intereses más grandes, en la cúpula del poder, que salvar vidas o rescatar heridos; ¡pues para eso estaba la sociedad civil!

Y al verlos ahora, actuar, intervenir, rescatar, siento un orgullo muy grande de haber pertenecido a las fuerzas armadas de mi México.

¿En dónde estarán los políticos, diputados, senadores, jefes delegacionales, guaruras, fuerzas de base de los partidos y toda la

caterva de vividores, fuerzas de choque, pseudo/luchadores sociales y demás funcionarios públicos, que ni aparecen?

Lo más seguro que haciendo compromisos para levantar nuevos edificios, condominios, (con materiales de segunda o tercera) dar préstamos usureros para los que quieran construir o remodelar su casa o departamento, haciéndoles ofertas de compra de diversos utensilios. El desastre les traerá riqueza, negocios, obras públicas. Caray como dice el refrán “a río revuelto ganancias de tranzadores”. Que terrible realidad. ¡Arriba México!

 

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