SEÑORA FRIDA, FELIZ CUMPLEAÑOS 107

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fridakahloHoy precisamente hace 107 años (1907) nació Frida en el pueblo de Coyoacán, sus calles terregosas, que se volvían lodazales cuando llovía, la vieron caminar por ellas cuando iba a misa acompañando a sus hermanas y su mamá a la iglesia de San Juan Bautista; el parque Centenario la vio caminar por sus pasillos y quizá algunos árboles la vieron alzar su vista para contemplar algunas pajarillos que empezaban a hacer sus nidos.

Antes de 1910 la mujer se dedicaba a las labores del hogar, y a la enseñanza de las primeras letras. En nuestro país fue hasta bien avanzado el siglo XX cuando las mexicanas irrumpieron de manera significativa en las aulas universitarias. Sin embargo, los antecedentes de esta especie de conquista de las profesiones “masculinas” se remontan a las postrimerías del XIX, cuando un reducido grupo de mujeres, “contra viento y marea” logró abrirse paso en las escuelas superiores de aquella época. Con ello, no sólo dieron la primera batalla contra quienes temían que su entrada al mundo cultural y laboral masculino rompiera el “equilibrio” existente, sino que su ejemplo contribuyó a abrir la brecha por la que habrían de transitar las nuevas generaciones.

Frida a su manera se convirtió en una influencia importante para la  promoción de la cultura en la mujer, de la historia, del nacionalismo cultural mexicano. Ella decoró su casa, no con el arte europeo o americano con todos sus elementos; pero sí lo hizo con la artesanía y el arte popular mexicano.

“En aproximadamente 80 pinturas que realizó (autorretratos), se presentó de cuerpo entero, de busto, sentada, únicamente su rostro, de medio cuerpo o acostada. Apareció siempre de frente, nunca de perfil, ataviada con enaguas, rebozos, huipiles, faldas de olanes, adornos y accesorios de expresión popular, que combinaba y vestía regiamente”. Todo esto le permitió recrear “colores, texturas, brillo, telas, joyas, flores, plantas, animales, todo clase de adornos que lucían sus distinguidos modelos, incluida ella, enriqueciéndolos con su correspondiente carga emotiva y psicológica”.

Pero más que los detalles que la rodean (flores, animales, árboles, etc.) es la tremenda expresión clínica en ellos, casi podría decir que describe “pictóricamente” la evolución de sus padecimientos, lo que forma su icono. Sus rasgos faciales, las cejas como alas de murciélago, la boca exuberante, los labios carnosos; levanta la mirada y la fija en el espectador, a veces tiene lágrimas, pero no llora, lo desafía.

“Nos esforzamos en tener buena salud para ser felices, pero ¿cuántos se esfuerzan en ser felices a fin de permanecer en buena salud?” He aquí por qué: en virtud de un principio psicológico bien establecido, cuando tenemos que elegir entre el dolor físico y el dolor moral, lo más frecuente es que inconscientemente elijamos la mala salud, prefiriéndola al sufrimiento moral. Una nueva forma de concebir la patología está basada en este principio. No hay que estudiar la enfermedad únicamente en sus efectos sobre el órgano afectado, sino en sus resonancias sobre toda la personalidad. Y quizá si examinamos toda la patología orgánica de Frida, ella eligió el dolor físico en todas sus formas, sus treinta y dos cirugías a lo largo de su vida, sobre todo en columna y su pie derecho lo atestiguan. Ella quería sufrir, ¿cómo exorcismo, cómo alguna cura, cómo penitencia?

Rivera y sus colegas se vestían a la moda europea o americana, mientras que ella, aunque nacida de un padre inmigrante alemán, lo hacía con vestidos autóctonos, chales, rebozos y joyería popular variada. Fue un icono, y lo sigue siendo, ya que transmite su deseo natural de ser libre, para toda la eternidad.

Monografias.com/trabajos5/priguemu/priguemu/shtml
Diego-Frida-and-the-mexican-school. Joe Cummings
La selva de sus vestidos – Juan Rafael Coronel Rivera

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