LA NATA DEL PLANETA

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Este relato, es una aportación al hecho de que el día 20 de octubre de este 2015, se celebra una vez más el Día Mundial de la Osteoporosis.

El título puede parecer un poco fuera de lugar considerando que se dice “la neta del planeta” entre los no tan jóvenes como yo. Pero esto surge por mi interés de platicarles de algo que siempre hemos considerado como una máxima familiar “tómate toda la leche”, que desde nuestros abuelos y padres, la hemos escuchado por años, y sí nosotros la decimos a diario, nuestros hijos y nietos ¿harán caso de esto? está por verse.

Nos decían de más chicos que tomar leche nos iba a llevar a ser más altos, más fuertes, con dientes sanos y huesos más resistentes. Desde esas épocas todos tomábamos la leche y nadie ponía en duda los beneficios de este blanco elemento.

Sin embargo, hoy en día tenemos al alcance mucha información y cada  día aparecen expertos (a quienes no les dieron leche) que hablan que la leche tiene los mismos beneficios que tomarse un vaso de agua simple, en este debate tenemos dos polos opuestos, los que defendemos el consumo de la leche de vaca y consideramos sus beneficios y “los otros” que rechazan este concepto, pues argumentan que los humanos somos los únicos mamíferos que seguimos tomando leche después del destete y para ellos esto es antinatural.

Hoy los nutriólogos, naturópatas[1], macrobióticos[2], veganos[3] disparan todas sus baterías  en contra, a su vez muchos científicos y médicos apoyamos el que se siga consumiendo la leche como alimento esencial.

Hay algunos más (filosóficos) que consideran que nadie, a favor o en contra, tiene en su poder la verdad absoluta. A ellos probablemente tampoco les dieron leche, casi estoy seguro.

 Pero ¿qué puedo decir de la leche?

Primero que es un alimento de gran valor nutritivo, en comparación a un litro de refresco o soda que aparte de gas, colorantes, saborizantes, agua y mucha azúcar, no aporta más.

Así es quienes decidan no tomar leche deberán buscar los nutrientes que ésta contiene en otros alimentos o elementos.

Muchos pacientes me preguntan y me dicen que están tomando “leche de soya”, y le contesto que aparte de ser una legumbre (de grano) molida y disuelta en agua, no aporta mucho calcio que digamos, por ejemplo:

image_ca1f47e624a1099c17441f79a88022b6100 gramos de leche de soya contienen:

  • 2 g de grasas (de los cuales 0,2 son saturadas)
  • 3,1 g de carbohidratos
  • 3,0 g de proteínas
  • 0,3 g de fibra
  • Vitaminas del grupo A, B y E
  • 4 mg de calcio
  • 0 mg de colesterol
  • 33 kcal


leche-de-vaca100 gramos de leche de vaca contienen:

  • 3,15 g de grasas (de los cuales 1,8 son saturadas)
  • 4,8 g de carbohidratos
  • 3,25 g de proteínas
  • 0 g de fibra
  • Vitaminas del grupo A, B, D, E, K
  • 113 mg de calcio
  • 10 mg de colesterol
  • 61 kcal[4]

Tomar leche de vaca hoy en día produce más intolerancias y alergias que hace años, eso es cierto; y no recuerdo cuando era un niño, que alguien se quejara por tomarla, después de hervirla y sacarle la nata. Es más lo ideal era sacarle la nata a la leche, colocarla en un pedazo de bolillo y agregarle un poco de azúcar, era un manjar como postre. Por muchos años tomar un vaso de leche siempre fue muy bueno, hasta que empezaron a adicionarle productos químicos de todo tipo y entonces todos empezamos a presentar una serie de síntomas de lo más variados y molestos. Tomar hoy nata, nata, lo que se dice nata, es casi un platillo gourmet (en la ciudad de México).

Lo que si añoro es ir a las cinco de la tarde por la leche al establo de la colonia. ¡Ándale, hijo, vete por la leche! Me decía mi madre, agarraba la olla de peltre con su tapa y callejoneando llegaba al establo, olía a caca de vaca, a leche fresca, a pastura ¡que olores! Veía extasiado como los vaqueros exprimían las ubres de las siempre tranquilas, pausadas, rumiando su pastura con mirada lánguida, de esas vacas hermosas. Alguna vez de travieso tal vez o con la curiosidad de niño, me acercaba a alguna y le extendía mi mano hacia su hocico, al principio ni caso me hacían pero después ante la mirada de algún vaquero esté me dijo: “ponte un poco de sal en la mano” y lo hice, la vaca me pasaba su lengua por la palma, la sensación de una lija húmeda y caliente me recorría todo el cuerpo aún lo recuerdo como algo que ya no volverá.

Decía pues que puede haber personas que no tomen leche por convicción o por moda y está bien, pero lo que si deben hacer es tomar complementos vitamínicos que les proporcionen los requerimientos necesarios.

Cuando vamos al supermercado, nos encontramos con una gran variedad de “leches” que asusta. Hay para todos los gustos, presupuestos, intolerancias, enfermedades, de colores, de sabores, etc.

Desde la entera, con más cantidad de grasa, para quienes aprecian el sabor natural de la leche, hasta las descremadas, desnatadas, para los que no quieren subir de peso, deslechadas, deshilachadas (estas dos últimas de mi invención), en fin de todas.

La leche sabemos está formada por ácidos grasos saturados (es cierto, los menos saludables), lo que debe ser tomado en cuenta sobre todo en personas que sufran de sobrepeso, hipercolesterolemia o hipertensión; aunque podría preguntarles a todos ellos ¿están con esos problemas clínicos por haber tomado “pura leche”? Obviamente que no, se descuidaron en muchos aspectos durante toda su vida y las enfermedades son el resultado de otras alteraciones alimenticias o físicas.

Pero sigue la variedad de leches. Hoy en día no tomamos la leche como antes, que casi salía de la vaca y ya la estábamos tomando. Me acuerdo de un dicho que se decía por aquellas épocas: “La leche es tan fresca que apenas el día de ayer era pasto”, así de ese tamaño. La leche “bronca” era la leche tal cual salía, calientita de la vaca, se tomaba en un posillo o jarro y te quedaba un bigote de leche alrededor.

Sin embargo, las bacterias con el tiempo empezaron a causar enfermedades y se decidió un tratamiento térmico para destruirlas. La leche pasteurizada es la más fresca, y la que conserva el sabor y los nutrientes en forma más natural, esto se logra dejándola 15 segundos a 75 grados, por lo que su caducidad es la más corta, solamente unos pocos días (tres a cuatro) y debe guardarse en el refrigerador.

Después tenemos la que se vende, quizá en más cantidad, la llamada UHT (Ultra High Temperature), esta ha permanecido por 3 segundos a una temperatura de 145 grados, con esto se destruyen todas las bacterias y permite que se pueda conservar a temperatura ambiente durante varios meses. Viene en los famosos tetrapacks que podemos almacenar hasta por seis meses o más. Conserva un poco del sabor de la leche fresca aunque la esterilización la hace perder gusto y valor nutritivo.

Y por último la Esterilizada, que es la que ha estado unos 15 minutos a temperatura de 115 grados, esto le altera el sabor y se destruyen las proteínas y vitaminas.

Aunque en el súper encontramos decenas de envases de diferentes marcas y orígenes, la composición de la leche es prácticamente la misma.

Agua Hidratos de carbono Grasas Proteínas

(caseína)

Minerales y Proteínas
 

 

 

Leche Entera

 

 

 

87%

 

 

 

5%

 

 

 

4%

 

 

 

3%

1%

calcio, sodio, potasio, magnesio, fósforo

Vitaminas:

A,D,E,B

Se aprecian diferencias según el tipo de leche en lo referente a la cantidad de grasas (nata). Siempre, se ha dicho que la leche semidescremada “parece agua”. Pues si es cierto. La cantidad de agua que hay en ese tipo de leche es de 91 gramos por cada 100. En cambio, la leche entera contiene 87.9 gramos/100.

Para quienes cuentan las calorías, esto significa que un vaso de leche entera tiene el doble de calorías que uno de descremada. Aunque esto no quiere decir que tenga menos cantidad de calcio o de proteínas. Ya que entera, semidescremada o desnatada, la leche sigue siendo una fuente excelente de calcio y proteínas.

Es evidente que el que toma leche entera toma más vitaminas pues la grasa láctea tiene más cantidad de vitaminas A, B y D. Mientras que en las leches desnatadas o la semidesnatada se reducen a menos de la mitad o incluso desaparecen. En cambio, conservan las mismas cantidades de proteínas, calcio, magnesio, fósforo, potasio y zinc.

Las “fábricas de leche” en donde se recibe la leche para “satisfacer a todos los consumidores” han ideado sistemas físicos y químicos para eliminar la grasa:

  1. Se almacena la leche en un tanque a 4º de temperatura, la cual es recogida por la empresa lechera cada tres o cuatro días. Al llegar a la “fábrica” la analizan para que se cumplan los requerimientos sanitarios. Para eliminar las partículas sólidas y la suciedad, le leche se pasa por un filtrado y desgasificación, para eliminar sustancias o partículas y gases ocluidos portadores de malos olores.
  1. Normalización (precalentamiento y centrifugación): ajuste de la cantidad de grasa. Para separar la nata o crema (grasa láctea), la leche se calienta a 40º C. A continuación, la nata se separa por centrifugación. Se le coloca en una centrifugadora y ahí se mide la cantidad de grasa que contiene, por ejemplo, la entera con un 3.5 a 3.7% de grasa, es la más sabrosa y tiene más colesterol. La semidescremada debe tener una cantidad de grasa de un 1.5% y la descremada que tiene un máximo de 0.5% de grasa, pero nada de sabor.

Al eliminar parte de la grasa, se pierden vitaminas liposolubles (A, D y E). Algunos fabricantes, para compensar estas pérdidas, adicionan vitaminas, estabilizantes, emulgentes, minerales, proteínas, fibra y a veces omega-3, a estas leches semi y descremadas. Las leches a las que se les añade vitaminas y otros nutrientes, como el calcio, se consideran leches especiales: “enriquecidas”, lo que debe figurar en el etiquetado. No es necesario consumir leche semi o desnatada enriquecida, ya que con una dieta equilibrada se cubren las necesidades de esas vitaminas liposolubles.

  1. Tratamiento térmico (UHT): consiste en un calentamiento en flujo continuo de la leche cruda a una temperatura elevada (mínimo, 135º C) durante uno a tres segundos, con el fin de destruir todos los microorganismos residuales de descomposición y sus esporas. Esto alarga la vida del producto, a temperatura ambiente, hasta tres meses.
  1. Homogeneización: rompe los glóbulos de grasa, con lo que se consigue una distribución uniforme y más fina de la grasa en la leche. Así, se dificulta la aparición de la nata en la superficie y se hace más digestible.
  1. Envasado: en un recipiente opaco, de forma que se reduzcan al mínimo las transformaciones químicas, físicas y organolépticas.
  1. Distribución de los envases por los diferentes puntos de venta. Sin problemas sanitarios

Una composición nutricional muy similar

imagesLa leche es un producto natural estandarizado y homogéneo. Por ello, no es de extrañar que la composición nutricional sea similar. Lo que diferencia una leche entera de una semi o descremada es su contenido en grasa, como lo habíamos escrito en líneas anteriores. La leche entera tiene un porcentaje de grasa superior al 3,5%, la desnatada una proporción inferior al 0,5% y la semidesnatada, debe situarla entre 1,5% y 1,8%. La grasa de la leche semidesnatada contiene ácidos grasos saturados (entre 1 y 1,1 g/100 ml) y colesterol (entre 6,5 y 9 mg/100 ml), pero también presenta grasas insaturadas (0,5 g/100 ml), entre las que se encuentra el linoleico, ácido graso esencial que el organismo no puede obtener por si mismo y necesita conseguir de los alimentos que le son proporcionados.

El contenido medio de proteínas en las leches semidesnatadas ronda el 3% y las proporciones varían muy poco. La leche semidesnatada debe contener al menos un 2,72% de este macronutriente, valor que cumplen todas las analizadas. Las proteínas son deficientes en ciertos aminoácidos, pero se complementan muy bien con los que contienen los cereales, dando lugar a proteínas de alto valor biológico. En cuanto al azúcar de la leche, la lactosa, se halla en una media del 4,7%; el menor contenido con un 4,5% y el mayor con un 4,9%.

Por otro lado, la leche semidesnatada es un alimento poco energético: aporta unas 45 calorías cada 100 mililitros. Ya en materia de vitaminas, contiene las del grupo B (en especial, B2 o riboflavina) y las liposolubles A, D y E.

Hablando de minerales, aporta calcio en cantidades similares a la leche entera 125 mg/100 ml, además de fósforo, magnesio, potasio, sodio y zinc. Las cantidades de vitaminas y de calcio dependen de si la leche está enriquecida o no con dichos nutrientes.

No hay fraude en la calidad

 Se ha especulado en ocasiones que en el sector lácteo se producen fraudes, al utilizar menos leche y recurrir a la adición -no permitida- de otras sustancias más económicas, que aumentan el volumen del líquido abaratando el costo del producto. Los fraudes posibles son la adición de agua, permeados (leche sin proteínas, se trata de un compuesto de agua, lactosa y minerales), sueros de quesería y leche en polvo. Para detectar una adición de permeados, se calcula el índice lactosa/proteína, que debe encontrarse entre 1,4 y 1,6. Valores superiores a 1,6 indicarían adición de permeado.

Otro parámetro que junto a otros resultados, ayuda a detectar tanto la adición de agua a la leche, fraude en desuso por su fácil detección; me acuerdo que por allá en los años 50-60´ estaba de moda en México, D.F., hablar de que a la leche la “bautizaban con agua de la llave”, y era muy común el que las mamás mandaran a sus hijos al establo, muy temprano antes de que bautizaran la leche. ¡Era fantástico!.

También una forma de “bautismo” más químico, es con la adición de sueros o permeados, o la adición de leche en polvo o un exceso en el tratamiento térmico; el punto de congelación de la leche, es cercano a -0,52º C. Un punto de congelación más cercano a cero grados indica la posibilidad de que la leche esté aguada o se le hayan añadido sueros o permeados. Si es menor, se puede pensar en la adición de polifosfatos o leche en polvo, o también que ha recibido un tratamiento térmico excesivo. La adición de suero de quesería se verifica con la presencia de una proteína, glicomacropéptido, que se utiliza como indicador de calidad del producto, ya que su presencia puede indicar la aparición de proteolisis (rotura de las proteínas) relacionada con la presencia de gérmenes psicótrofos antes del tratamiento térmico.

Para la detección del exceso de tratamiento térmico se determinan los valores de lactulosa y furosina, que se originan en la transformación de la lactosa debida al calor. La lactulosa es el parámetro propuesto como criterio de distinción entre las leches esterilizadas en botella y las UHT. Para las UHT, la lactulosa debe estar debajo de 600 mg/l. En la furosina, se requiere que no exceda los 200 mg/100 g de proteína.

La adición de leche en polvo se determina con el índice “Lactulosa/furosina”. Se establece un límite inferior de 2,5 y se considera que a las leches con valores inferiores se les ha adicionado leche en polvo.

Así es que, saber si fue o no fue “bautizada la leche químicamente”, pues está medio difícil conocerlo, pero desde el punto de vista clínico (médico), el tener tantas molestias, síntomas, trastornos esofágicos, gástricos, intestinales en la actualidad (tomando leche) pues no es de gratis.

 

Recomendaciones de consumo diario de leche

 Diversos organismos internacionales que trabajan por mejorar la nutrición y la salud recomiendan el consumo de medio litro de leche al día, que aporta el 75% de la cantidad diaria recomendada de calcio. Ahora bien, estas cantidades varían según sean las etapas de la vida:

  • Niños mayores de 3 años: 2-3 vasos de leche al día
  • Adolescentes: 3 vasos de leche al día
  • Adultos: 2 vasos de leche al día
  • Gestación y Lactación: 3-4 vasos de leche al día
  • Anciano: 2-3 vasos de leche al día

Estos consumos mínimos recomendados son mejores si se ingieren otros lácteos o derivados como yogures, quesos, flanes, natillas, jocoque.[5]

Los productos lácteos son una fuente esencial de calcio, tanto en calidad como en cantidad, lo que es muy importante para mantener los huesos y dientes sanos. Un vaso de leche aporta unos 250 a 300 mg de calcio. Lo mismo que dos yogures o 30 gramos de queso de bola, por ejemplo. La cantidad de calcio, volvemos repetir, es la misma en cualquier tipo de leche de vaca, en otras “leches” solamente que se anote cuanta cantidad de calcio tiene adicionada, será la que se considere.

De acuerdo a estudios clínicos el calcio sérico (el de la sangre) regula muchos de los mecanismos asociados a contracciones musculares, caminar, apretar las manos, contracciones del corazón y asegura la coagulación adecuada de la sangre. También se consigue una tensión arterial adecuada y ayuda a proteger del cáncer de colon y de mama.

Un 1% del calcio se encuentra formando parte de los dientes.

El calcio de los huesos (que actúan como reservorio) ayuda a la buena osificación de huesos y por consiguiente previene la osteoporosis. Por eso se aconseja que los adultos deben seguir tomando la leche.

El hueso es un tejido vivo que se encuentra en constante estado de regeneración. Es decir, el cuerpo elimina los huesos viejos (denominado resorción ósea) y los reemplaza con huesos nuevos (formación ósea). Desde los 30 a 35 años, la mayoría de las personas comienzan a perder mayor masa ósea de la que se puede reemplazar. Como resultado, los huesos se vuelven más delgados y más débiles en estructura. La osteoporosis es más común en mujeres mayores, principalmente en mujeres blancas (caucásicas) y asiáticas. Aún así, puede ocurrir a cualquier edad, tanto en hombres como en mujeres, y en todos los grupos étnicos.

Las personas mayores de 50 años tienen mayor riesgo de desarrollar osteoporosis y tener fracturas relacionadas. Después de los 50 años, una de cada dos mujeres y uno de cada seis hombres sufrirán una fractura relacionada con la osteoporosis en algún punto de sus vidas.

 

¿Se puede prevenir la osteoporosis, desde la infancia?

images (1)  No es que se prevenga la osteoporosis como tal, se pueden prevenir las secuelas de una mala alimentación y factores de riesgo, y lo mejor es ir depositando en “el banco óseo” (huesos) suficiente calcio, minerales, proteínas alrededor de la adolescencia para que en la edad madura tengamos suficiente de donde echar mano y nuestros huesos no se deterioren.

Aunque hay estudiosos que aseguran que consumir lácteos en la edad adulta ya no resulta efectivo. Aseguran que el alto contenido de proteína animal de la leche provoca pérdida del calcio acumulado, por lo que al consumir más leche favorece la osteoporosis; contrario a lo que opinan muchos nutriólogos, endocrinólogos y ortopedistas.

Se sabe que las personas adultas que no toman leche, en culturas asiáticas principalmente como los chinos que por tradición no toman leche, tienen mayor índice de osteoporosis, que como se ve cada día irán en aumento debido a la mayor esperanza de vida; ya que se ha establecido que la osteoporosis aparece entre los 50 y 55 años. Y si los humanos tenemos la expectativa de vivir hasta los 80-85 años, pues entonces estamos en un verdadero problema.

Los nutriólogos recomiendan tomar de dos a cuatro vasos de leche al día o productos lácteos, aunque hay que ver si no se tiene el colesterol alto ni problemas de sobrepeso; por lo que deben moderar su consumo debido a la grasa, por lo que se debería tomar descremada o semidescremada.

Dentro de los detractores de la toma de leche señalan la escasez del hierro y su contenido alto de grasas y colesterol. De acuerdo a su aporte de calcio, consideran que la col, hortaliza de hoja verde, aporta una cantidad de calcio igual o superior a la de la leche; aunque tomarse dos a tres vasos de col por la noche, pues como que no es una buena idea. Era muy natural que las abuelas nos dieran un vaso de leche calientita por la noche antes de irnos dormir para conciliar el sueño. Y esto ocurre porque la leche contiene triptófano, un aminoácido que contribuye a la secreción de serotonina, la hormona de la tranquilidad.

El calcio también puede encontrarse en la avena, ajonjolí y las legumbres (alcachofa, brócoli, coliflor, berro, espinaca, lechuga, repollo, acelga, apio)

Los nutriólogos explican, sin embargo, que el calcio de los productos lácteos es bastante mejor que el de origen vegetal.

Pero debemos ver que existen personas que no pueden consumir la leche porque sufren alguna patología agregada como la alergia a la leche, la intolerancia a la lactosa o a la galactosa (azúcar simple) conocida como galactosemia.

Cuando la leche llega al estómago es indispensable la acción de la lactasa, una enzima que convierte a la lactosa (azúcar de la leche) en glucosa y galactosa. La lactasa se produce en el intestino y es muy abundante desde que nacemos a la edad de los cuatro años más o menos. Pero a medida que nos vamos haciendo más adultos se va perdiendo. Aunque esto ocurre en todos los mamíferos, nos explican los científicos que después del destete, el cuerpo deja de producir lactasa ya que va siendo menos necesaria. Esto nos lleva a la intolerancia a la lactosa que es un padecimiento frecuente pues se calcula que entre el 60 a 70% de la población la padece, sobre todo en personas de edad avanzada. Si alguien con intolerancia toma leche, es posible que tenga vómitos, diarreas, gases o malestar intestinal. Sin embargo, las afectadas por esta intolerancia sí que pueden comer yogur o queso, ya que las bacterias que participan en la fermentación de la leche para transformarla en esos productos eliminan la lactosa.

Deficiencia primaria de lactasa: es la ausencia relativa o absoluta de lactasa que se desarrolla durante la infancia y que en la mayor parte de los casos es la causa de la malabsorción e intolerancia a la lactosa.

Deficiencia secundaria de lactasa: es la deficiencia de lactasa por lesiones del intestino delgado, gastroenteritis aguda, diarrea persistente, quimioterapia para el cáncer, etc. Es decir, por trastornos que alteran la mucosa gástrica y que se presentan a cualquier edad, si bien es común en la infancia.[6]

Se ha sugerido que la secreción de lactasa en la etapa adulta humana es una adaptación evolutiva que surgió hace más de 7.500 años. Esta síntesis de lactasa es característica de la población balcánica. En EU la tolerancia a la lactosa es la condición dominante (solo un 30% de la población es intolerante), aunque en ciertos grupos la intolerancia es mayor, entre los estadounidenses de origen asiático la intolerancia a la lactosa supera el 90%.[7]

La alergia a la leche, en cambio, es una hipersensibilidad a las proteínas de la leche. Los síntomas son diarrea o reacciones alérgicas. Estas personas no pueden tomar leche de vaca o cualquiera de sus derivados.

La galactosemia a su vez, poco frecuente, es una enfermedad hereditaria causada por una deficiencia enzimática y se manifiesta con incapacidad de utilizar el azúcar simple galactosa, lo cual provoca una acumulación de éste dentro del organismo, produciendo lesiones en el hígado y el sistema nervioso central.

Estudios reportados en el 2007, concluyeron que la ingesta de calcio se asoció con cambio de peso de 10 años en las mujeres. Las mujeres con dosis de suplemento de calcio de 500 mg/día tuvieron un aumento de 5.1 kg, al cabo de diez años. En comparación con 6,9 kg entre las que no tomaban calcio. La conclusión a la que llegaron los investigadores fue que a mayor consumo de calcio total, en forma de suplementos de calcio, puede ser beneficioso para el mantenimiento del peso, especialmente en las mujeres durante la mediana edad.[8]

Otros investigadores concluyeron que una ingesta adecuada de calcio no puede cumplirse con dietas libres de lácteos, siguiendo otras recomendaciones de nutrientes. Para cumplir con las cifras establecidas sin grandes cambios en los patrones dietéticos, son necesarios los alimentos enriquecidos con calcio. Se necesita una mayor actividad física y se recomienda una exposición solar adecuada para promover la suficiente cantidad de vitamina D.[9]

Como ortopedista recomiendo la toma de leche de vaca, las “leches de almendra, de soya, de alpiste” pueden ser buenas o no, ya cada quien lo decidirá, pero tienen que ir adicionadas de calcio de vitaminas y minerales.

Dr. José Luis Sánchez Mejía

Ortopedia Y Traumatología.

[1] La Naturopatía es una profesión reglada en la mayor parte de los países y ofrece una gran variedad de técnicas o terapias naturales entre las que podemos encontrar la Homeopatía, la Acupuntura, el Reiki, los suplementos vitamínicos y los minerales, la Medicina Tradicional China, Técnicas de relajación, plantas medicinales, etc.

[2]La macrobiótica hace referencia a un modo de vida no solo basado en una dieta determinada, sino que es, sobre todo, aprender a desarrollar nuestro potencial para conocernos mejor y saber qué es lo que nuestro cuerpo necesita.

[3] Veganismo es un extranjerismo proveniente del inglés «veganism», incorporado a la lengua española. Los «veganos éticos» son quienes rechazan el consumo de todo producto de origen animal por respeto a los demás animales. Además de seguir una alimentación vegetariana estricta o pura, también extienden dicha filosofía a todos los ámbitos de sus vidas y se oponen al uso o consumo, para cualquier propósito, de animales o productos de origen animal.

Los «veganos dietéticos» (o vegetarianos estrictos) que no sólo se abstienen de consumir cualquier tipo de carne sino que también productos de origen animal, como los huevos y la leche, tampoco consumen otras sustancias derivadas o producidas por animales, tales como la miel; a diferencia de los «ovolactovegetarianos» los cuales incluyen en su dieta huevos y productos lácteos.

[4] http://lechedesoja.net

[5]http://revista.consumer.es/web/es/20040101/actualidad/analisis1/67533.php#sthash.OUFDVNmB.dpuf.

[6] .- Itan  Y, Powell A, Beaumont MA, Burger J y Thomas MG. 2009 The Origins of Lactase Persistence in Europe.

[7] https://elefectorayleigh.wordpress.com/2013/05/01/leche-intolerancia-a-la-lactosa-y-evolucion/

[8] Journal  of the American Dietetic Association. 2007. Calcium Intake and 10-Year Weight Change in Middle-Aged Adults. Alejandro J. Gonzalez, MS, , Emily White, PhD, Alan Kristal, PhD, Alyson J. Littman, PhD

[9] Journal  of the American Dietetic Association. 2006. Meeting Adequate Intake for Dietary Calcium without Dairy Foods in Adolescents Aged 9 to 18 Years (National Health and Nutrition Examination Survey 2001-2002) Xiang Gao, PhD, MD, Parke E. Wilde, PhD, Alice H. Lichtenstein, DSc, Katherine L. Tucker, PhD

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8 Comments

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