LA HISTORIA A 30 AÑOS

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Este relato fue inspirado por un elemento del equipo de rescate de EU, que vino a México a coordinar la ayuda con el equipo de rescatistas acompañados con su perro y del equipo sísmico con sus cámaras de localización. No tengo tu nombre, pero siempre rezo por ti. Y por todos los que nos ayudaron. Muchas Gracias.

Cuando ocurrió el terremoto, el jueves 19 de septiembre de 1985, los adiestradores de perros especializados en labores de rescate se reunían en Texas, para su Convención anual. Como dato agregado, los EU introdujeron la formación del perro de catástrofe en 1970.

En la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) hubo alguien que se dio cuenta que los perros que buscan niños perdidos en los bosques nacionales, podrían ser utilizados para encontrar a sobrevivientes en un desastre natural urbano. La (AID) AYUDA llamó a los organizadores de la Conferencia y pidió voluntarios para ir a México.
Los organizadores del Congreso estaban ya en acción antes de la llamada. Primero los voluntarios — con sus perros, se adelantaron. Luego el resto de participantes en la Conferencia combinaron sus recursos que tenían a la mano — incluyendo dinero — para asegurarse de que cada miembro del equipo — humano y canino — estuviera con su equipo de seguridad completo y algunos implementos que fueran necesarios. Estaban listos para ir después de 10 horas de ocurrido el primer terremoto. A las cinco de la tarde de ese 19 de septiembre ya estaban esperando ser trasladados a México.

Al mismo tiempo la Oficina de Minas de Estados Unidos movilizó a otro grupo de expertos para ayudar en los esfuerzos de rescate con la tecnología previamente utilizada para encontrar y rescatar a los mineros. En pocas horas se organizaron y estaban listos para salir al rescate.

Lamentablemente el gobierno mexicano se negó a aceptar la ayuda del resto del mundo. “Podemos manejarlo nosotros mismos”, dijeron con falso orgullo”. Al día siguiente, viernes 20, ocurrió un segundo terremoto. (este fue de 7.9 grados en la escala de Richter). Hasta el sábado 21, el gobierno mexicano dijo: “Si alguno quiere enviar ayuda la recibiremos.” Esta afirmación le permitió al gobierno “cubrirse” en su base nacionalista diciendo que nunca pidieron ayuda. Que los países decidieron otorgarla.

Así en el tercer día después del primer terremoto, aparecieron decenas de C-141s, C-5 y C-131s surcando el cielo lleno de smog de la ciudad de México y aterrizaron en el aeropuerto internacional de la ciudad. Dentro de uno venían el equipo de perros y los expertos del Bureau de Minas. Los aviones de carga de Estados Unidos estaban aterrizando cada 5-10 minutos con el equipo de rescate y socorro.

El avión con los equipos de búsqueda y rescate traían a expertos en explosivos. El Embajador quiso reunirse con ellos y hacer las cosas con celeridad para que los edificios inseguros en la ciudad pudieran ser derribados tan pronto como fuera posible.

Lo primero que se hizo fue contactar a los líderes de cada equipo, buscar lo que creían que se podía hacer en esta situación y averiguar lo que necesitaban para comenzar.

Al cabo de dos horas estaban en una sala de reuniones en el María Isabel Sheraton junto a la Embajada de EU, repasando el mapa de la ciudad con funcionarios del gobierno mexicano, en donde las búsquedas deberían estar concentradas.

Los funcionarios se centraron en áreas donde los edificios del gobierno fueron dañados en el primer sismo, ocurrido antes del  comienzo de la jornada de trabajo y la segunda fue después del final de la jornada de trabajo (suponiendo que alguien entró en los edificios dañados después del primer terremoto).

Las áreas residenciales fueron lo segundo en su lista de prioridades.

Los equipos que traían perros revisaron las áreas solicitadas por el gobierno en donde no hubiera respuesta. A pesar  de que personal del gobierno mexicano indicó que los equipos de rescate se quedaran ahí, (no querían que se dieran cuenta de la magnitud del sismo), el líder del equipo se dirigió a su personal para iniciar la búsqueda en áreas residenciales dañadas por el terremoto.

Y lo que hicieron fue lo más acertado. Ya que, los equipos con perros eran los primeros expertos en llegar a áreas en que se pensaba hubiera sobrevivientes. Nadie del gobierno mexicano o grupos administrativos con los que se había estado hablando se presentaron; incluso días después del primer terremoto; no tenían ni idea de lo que había sucedido y les importaba muy poco, solo pensaban en lo que podían encontrar de cosas materiales.

Por entonces los equipos estadounidenses de sísmica con cámara habían descubierto la mejor manera de utilizar su tecnología para rescatar a las personas.

Al principio, nadie estaba seguro de cómo utilizar el equipo sísmico sensible o cámara subterránea. Después de unos pocos ensayos, los tres líderes de equipo descubrieron cómo aprovechar al máximo las fortalezas de cada grupo.

Al inicio los perros revisarían una zona. En cualquier lugar los perros darían una indicación “ladrando”, el adiestrador de perros colocaría una bandera. Luego el equipo sísmico trabajarían en el área y colocarían sensores alrededor de la zona para “escuchar” algún movimiento o alguna otra forma de vida. Si nadie “Escuchaba” la primera llamada, el líder del equipo tendría ayuda de la policía mexicana con un megáfono para ver si había alguien entre los escombros. Generalmente la policía pedía a la gente responder con un  golpe en piedra o metal para indicar que habían escuchado la llamada.

Una vez que el equipo sísmico “hubiera escuchado algo”, la policía entonces intentaría deducir en qué piso estaban los sobrevivientes cuando ocurrieron los terremotos. Como los edificios se habían derrumbado, se podría estimar si alguien estaba en un quinto o sexto piso. El policía decía, “golpea dos veces si estas en el primer piso.” Esperaba un poco. Luego repetía la llamada para cada piso del edificio. Así algunas personas fueron localizadas,

Una vez que los sobrevivientes eran localizados, el equipo sísmico cercaba el perímetro y repetía el proceso. Al final, de la maniobra se calculaba en donde podrían estar alrededor de unos tres metros.

Los trabajadores de rescate entonces empezaban a remover escombros en la dirección que marcaba el equipo sísmico. Después de que la primera capa era sacada, los rescatistas necesitaban ver la estructura de la siguiente serie de niveles.

Ahí es donde las cámaras entraban en acción. La cámara era del tamaño de una pelota de tenis en el extremo de un cable con luces alrededor de la lente. Hay que recordar que era el año de 1985 y que las cámaras de ese tamaño fueron de vanguardia en ese tiempo.

El operador de cámara metía la lente a través de un agujero en los escombros. El líder del equipo de rescate sentado en la camioneta de control, examinaba la cavidad buscando la mejor manera de quitar material sin causar daño a toda la estructura que podía derrumbarse encima de los sobrevivientes. Con el transcurso de las horas, introducir la cámara, moverla y mirar, se hacia más rápido.

En algo que se considero un rescate dramático, al pasar la cámara a través de un orificio, un sobreviviente agarró el cable y la cámara (sólo pensó que era un juego de luces, después lo comento) y lo movió para ver la condición de su esposa. El cuadro resultante  fue un primer plano del ojo de su mujer con una lágrima bajando sobre su mejilla; ella y su marido se dieron cuenta que después de cuatro días iban a ser rescatados.

El equipo de observación retiró el cable, pegó una bolsita con un algodón empapado en agua y lo pasó a través del orificio. Esta fue el primer sorbo de agua que la pareja tuvo desde los terremotos.

Después de dos horas la pareja fue llevada a uno de los pocos hospitales restantes. El marido perdió un brazo en el proceso. Afortunadamente para él, la viga de acero que lesionó su brazo lo hizo de una manera tan limpia que sello la herida casi de inmediato. De lo contrario podría haberse desangrado y morir a las pocas horas del accidente.

Irónicamente ese hombre, había trabajado para la oficina mexicana de minas. Dijo más tarde a los líderes del equipo de Estados Unidos, desde su cama del hospital, que cuando escuchó a la policía llamando a la gente a identificar sus pisos, él sabía exactamente lo que estaba pasando porque llevo a cabo ejercicios similares para mineros mexicanos.

En el camino fuimos encontrando equipos de expertos que vinieron a México por su propia cuenta para ayudar. Localicé un equipo médico israelí con ambulancia buscando un lugar para ir a ayudar. Los uní al equipo de cámara. Un poco más tarde conocí a un dueño de una compañía venezolana de la construcción que voló con su equipo a México para ayudar con las labores de rescate. También estaban buscando un lugar donde podrían ser útiles. Se les unió el equipo sísmico y cámara.

El líder del equipo canino empezó a encontrar equipos de perros de otros países. Nos reuníamos los jefes de equipo cada mañana y cada noche para asegurar que no había ninguna duplicación de esfuerzos.

Todas nuestras actividades eran requeridas porque la conducta de los dirigentes mexicanos era confusa y errática. La mayoría de los edificios del gobierno fueron dañados. Y el sistema político en México en ese momento no permitía respuestas descentralizadas por ningún motivo. Todo era dirigido por un mando central, desafortunadamente la autoridad y la respuesta fue totalmente nula. No sabían nada, ni como actuar ni como dirigir. A pesar de que muchos de ellos habían estado presentes en el terremoto de julio de 1957, veintiocho años antes.

Hasta los primeros años de la década de los 90´, el escenario latinoamericano para rescate de personas ante un desastre, era  preocupante si se tiene en cuenta que en le eventualidad de necesitar los equipos cinófilos (hombre y perro especializados para búsqueda), u otros recursos avanzados, por ejemplo, los electrónicos; las posibilidades más cercanas se encontraban entre las 36 y 48 horas  (EU), y sobre todo estaban sujetas a fuertes limitaciones administrativas, económicas, logísticas, operativas, sanitarias, culturales  e idiomáticas). Todo esto hacía tardía y costosa su intervención.

Pero en México en 1985, los recursos estadounidenses los teníamos a escasas dos a tres horas de vuelo, y ni aún así el gobierno federal se dio cuenta de la magnitud de la catástrofe y no permitió que acudieran todos esos elementos de rescate sino 48 horas después.

Cuando acontecieron los terremotos en Haití y Chile, en esos dos países, los equipos de búsqueda canina estaban entre los primeros rescatistas. Los equipos sísmicos y la cámara no eran necesarios en Haití debido al tipo de construcción en el país, y la tecnología fue utilizada en Chile con éxito. Y ¿qué fue lo que nos dio esperanza y buenas noticias sobre el accidente de la mina de carbón en Chile? Fue una cámara subterránea. La versión 2010 de la unidad que ayudo a salvar vidas en México.

Después de las experiencias en México se integraron los equipos de Salvamento y Rescate (SAR), que cuando actúan ponen en peligro su integridad física para salvar otras vidas. Y me estremezco al pensar cuántas vidas se hubieran perdido en México y en los desastres posteriores si alguien en EU, no hubiera dado el salto importante para incluir técnicas de los equipos SAR, sobre todo de rescate a mineros, nunca antes realizadas en los escenarios de desastre.

¿Qué nueva tecnología estará por ahí que pudiera ser utilizada para salvar vidas? Todavía nadie ha hecho la conexión, o tal vez la ocasión no se presenta aún.

Sería bueno si estos pioneros pudieran ser reconocidos por su trabajo y previsión.

Como decíamos, del terremoto de julio de 1957 al de septiembre de 1985, transcurrieron 27 años; ya pasaron 30 años y en este 2015, pudiera suceder otro terremoto aquí en el ciudad de México. ¿De verdad estamos preparados para uno semejante al del 85´?

Se han hecho simulacros, para que mil personas bajen de un edificio cuando se anuncia un terremoto, por las escaleras por supuesto, y se han tardado hasta diez minutos para desalojarlo. La alarma sísmica solamente nos da 50 segundos para ponernos a salvo, ¡menos de un minuto! para ponernos a salvo o para refugiarnos.

Alguna vez después del sismo, se pensó en no hacer edificios en el Distrito Federal por arriba de cinco o seis pisos, para evitar que pudieran ocurrir desastres mortales por el número de personas que vivieran o trabajaran en dichas edificaciones; pero ahora el propio gobierno de la capital, da permisos para construir edificios de 25, 30, 40 pisos. ¿Creen que las personas que estuvieran en el piso 30, bajarían ordenadamente, sin gritar, sin correr, sin llorar en 50 segundos?  Los integrantes del gobierno capitalino creen que sí. ¡Es fantástica su percepción, conocimiento, probidad, experiencia, capacidad, inteligencia y sobre todo la seguridad de que así será!

Sin el afán de ser fatalista y de acuerdo a los estudiosos de los terremotos, estamos en el umbral de un nuevo evento sísmico que pudiera trastornar la vida del DF en particular y de varios estados de la república en general.

Después de los sismos del 1985 se crea la Comisión Nacional de Reconstrucción que tiene como objetivo la atención de los daños ocasionados por los sismos; en el mes de abril se expide el decreto: “Bases para el Establecimiento del Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC)”. A su vez, “el Sistema Nacional de Protección Civil se define como: Organización jurídicamente establecida mediante el Decreto Presidencial de fecha 06 de mayo de 1986, concebido como un conjunto orgánico y articulado de estructuras, relaciones funcionales, métodos y procedimientos que establecen las dependencias y entidades del sector público entre sí, con las organizaciones de los diversos grupos sociales y privados y con las autoridades de los estados y municipios, a fin de efectuar acciones de común acuerdo destinadas a la protección de los ciudadanos contra los peligros y riesgos que se presentan en la eventualidad de un desastre” […].

Como verán la definición del sistema de Protección Civil, es buena esperemos que ante la eventualidad de un desastre sísmico, esté a la altura que se requerirá ante esa situación.

No sé si ya tengan perros adiestrados en búsqueda y rescate, cámaras de fibra óptica para llegar a sitios profundos, personal capacitado para manejar ese equipo computarizado, personal equipado con todo el equipo de protección (como los bomberos de París, por ejemplo, cascos con cámara integrada, ropa para resistir temperaturas altas, guantes, lentes, botas resistentes, etc.), drones para búsqueda en zonas de difícil acceso, sistemas de radiocomunicación especializada, antenas receptoras y centrales para llamadas de emergencia, capacidad de respuesta casi inmediata para llegar a sitios de desastre, helicópteros, equipo de control de incendios tanto para químicos como materiales inflamables. Hospitales adaptados para situaciones de desastre masivo, salas de terapia intensiva preparadas, zonas de triage, áreas para depósito de los fallecidos, etc. Si es así, que bueno, algo se ha obtenido después de tantos años.

Como recuerdo y homenaje a todas las personas que perdieron la vida, que perdieron a sus familiares, sus casas, su trabajo, que quedaron discapacitadas en muchos aspectos. A todas aquellas que ayudaron a rescatar a muchas personas, que nos dieron de comer, que nos alentaron con palabras y hechos, que nos cobijaron. Gracias.

 

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