HISTORIAS DE VIDA 17ª PARTE “UNA MAÑANA LLUVIOSA”

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Era una mañana fría, lluviosa del mes de agosto, un viento leve le imprimía un toque especial como de un cercano otoño. Las siete de la mañana era la hora de entrada al hospital, y como costumbre llegaba yo unos diez minutos antes para recibir a los pacientes que quedaban del turno de la noche; no era porque fuera el jefe, sino que quería tener una relación más cercana que simples compañeros de trabajo. Estábamos integrando la Asociación Médica y una buena forma de comprometer a todos los médicos era esa, recibir a los pacientes y que ellos se fueran unos minutos antes.

Serían como las 7:30 horas, cuando escuchamos que una ambulancia se acercaba, la sirena intermitente nos lo avisó, y tuvimos más certeza cuando de pronto desapareció el sonido, teníamos un acuerdo con los ambulantes de que cuando llegaran al filo de la rampa de urgencias apagaran su sirena para que no se formara un eco casi ensordecedor al subir por la misma.

Pues bien, el paciente fue bajado de la ambulancia, pasó de inmediato a la sala de choque, venía inconsciente, un ligero sangrado sobre su frente era la única huella evidente que pudimos apreciar. De inmediato se procedió a retirar toda la ropa, era obvia una chamarra de piel acojinada, húmeda por la lluvia que estaba cayendo, salpicada discretamente por sangre, con algunos membretes que hablaban de un club de motociclistas, los ambulantes dejaron un casco de motociclista en la sala; pantalones vaqueros y botas gruesas. Se tenía lista una venoclisis con solución Hartman, mientras se buscaron dos venas una en cada antebrazo, se le intubó, se le tomaron muestras sanguíneas para determinar sus constantes. Como estaba sin sentido, el neurocirujano se hizo cargo de inmediato, descartamos otras lesiones de órganos abdominales (su presión arterial estaba baja pero dentro de los límites 100/60), se le realizó una punción abdominal, no había sangre; se descartaron fracturas de miembros torácicos o pélvicos, primero por palpación y por radiografías de huesos largos. Había dermoabrasiones en dorso de manos y la cara. Entre sus ropas se encontraba su identificación y alguien se fijo que como familiar más cercano era la jefa de enfermeras del turno matutino; esto resultaba paradójico, ella estaba trabajando en ese momento y su hijo llegando a la unidad de choque en el mismo hospital. El neurocirujano dio la orden de pasarlo a tomografía axial computarizada de cráneo, en ese momento el diagnóstico más claro era el de una hemorragia intracraneal postraumática. Dependiendo de la intensidad de la hemorragia, las características clínicas pueden incluir convulsiones, afasia, trastornos visuales, trastornos del movimiento, parálisis y coma. El paciente había llegado en estado de coma en forma inicial.

Las hemorragias se clasifican según su ubicación y la patología vascular de fondo. La que tiene lugar en los espacios subdural y epidural es causada casi siempre por un traumatismo. La hemorragia intracraneal se suele descubrir al realizar una tomografía del cráneo, es más sensible que la Resonancia Magnética convencional para detectar la presencia inmediata de sangre, de manera que es el método preferido en la evaluación inicial de la lesión. Desafortunadamente antes de llegar al diagnóstico preciso, el paciente tuvo un paro cardiaco, se realizaron las maniobras de reanimación ya establecidas, pero fueron infructuosas, se dictaminó el fallecimiento a las 8 de la mañana.

En esos momentos llegó a la unidad de choque su mamá, acababa de dar las indicaciones al personal a su cargo y fue avisada de que su hijo estaba en urgencias; entro en silencio se le quedo mirando, todos los que estábamos en la sala quedamos mudos de la impresión. No lloró, no emitió una palabra solamente lo tocó con su mano izquierda sobre su frente y le dio el último adiós. Una oración silenciosa y el movimiento leve de sus labios despidió al hijo. Creo que inclusive las luces fluorescentes bajaron su intensidad enmarcando el rostro de él.

Después supimos que salió de su casa minutos después de que su mamá lo hizo para dirigirse al hospital; venía en su motocicleta sobre la avenida Lomas Verdes en un tramo que tiene una ligera pendiente, lo que aceleró la velocidad del vehículo, por algún motivo no definido perdió el control del mismo y se fue a estrellar contra un árbol; al parecer el golpe fue directo, seco, llevaba casco protector, pero poco le ayudó; ahí permaneció varios minutos hasta que llamaron a la ambulancia y de ese sitio fue levantado por los paramédicos y llevado al hospital de Lomas Verdes. Quizá si tenemos que decir algo amable es que nunca presentó dolor, el trauma craneal le hizo perder la conciencia y todo sentido de él mismo.

Cuando la muerte llega inesperadamente, el choque emocional y la incredulidad pueden resultar abrumadores.  No parece natural que un hijo muera antes que sus padres, y esto puede resultar muy duro especialmente cuando la muerte es repentina y en este caso violenta.  Cuando esto sucede, no hay oportunidad para prepararse, resolver malentendidos o de despedirse.

Las familias acongojadas gradualmente volverán a su ritmo de vida pero jamás superarán la pérdida por completo.  Sus vidas nunca serán como lo eran antes.  La familia como tal ha cambiado para siempre.  También quedará para siempre un espacio vacío a la mesa. Y eso, solamente el tiempo podrá aliviarlo, porque el tiempo dicen, que nunca cura las heridas solamente las esconde. Porque no importa en cuantos pedazos se partió tu corazón, el mundo no se detiene para que lo arregles. Así es que habrá que seguir hacia delante.

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