Día del médico

0

El doctor Emilio García Procel, jefe de Enseñanza del Hospital de Especialidades. Centro Médico “La Raza” del IMSS, escribió en la revista médica del IMSS en 1989, un artículo titulado 23 de Octubre Día del Médico.

Y los eventos que narra son para mi verdaderamente emocionantes y de una historia increíble. Por lo mismo y tratando de dar más difusión a estos eventos que marcaron una época; y que nos hacen ver la historia, las vicisitudes, los problemas, las políticas, las diatribas de muchas personas, la “mala leche” de algunas otras (como diría mi abuela), a pesar de todo eso, los médicos iniciadores y la profesión médica tuvo por fin su reconocimiento. Hoy como un homenaje a todos los que lucharon por eso, tomo el modelo del doctor García Procel para hacerlo.

Antes quiero decir a los médicos recién egresados o los que están en formación,  que un médico es mucho más que un “título”, que vestirse de blanco y andar caminando a través de pasillos de hospital medio presuntuoso.

El desempeño como médico implica honestidad, respeto hacia los demás, servicio, comprensión, prudencia, actitud reflexiva e integridad, con apego a códigos de comportamiento profesional, altruismo y justicia.

Me causa mucho malestar ver a estudiantes de medicina o médicos internos que andan con unas greñas espantosas, con piercings mostrándolos como marcas de establo, con batas que parecen que durmieron con ellas, con aspectos que hablan que no se bañan desde hace días y que tampoco se rasuran pero además presumen que “son médicos”, además utilizando un lenguaje tan vulgar y procaz que me causa primero una gran vergüenza y después zozobra, saber que estos personajes me tratarán médicamente a mi, a mis hijos o mis nietos. Y a eso llaman ¿libertad académica?

Los directores, subdirectores, jefes de enseñanza, coordinadores, en fin, toda esa larga fila de administrativos, deberían corregir todas esas desviaciones, pero, es más fácil ignorarlas, para evitar que una comisión de médicos en preparación, no les generen un problema.

La fecha del 23 de octubre, en México,  se conmemora el día del Médico, recuerda un acontecimiento que guarda un significado muy especial para la Medicina Mexicana. Con esa fecha, en 1833, se emitió el decreto por medio del cual se daba origen al: Establecimiento de Ciencias Médicas; institución considerada como pionera de la enseñanza de la medicina y punto de partida de la actual Facultad de Medicina de la UNAM.

Los antecedentes de la enseñanza médica en la Nueva España se inician con la fundación de la Real y Pontifica Universidad creada por Carlos V el 21 de septiembre de 1551 adoptando para ello las Constituciones de la Universidad de Salamanca y tan solo precedida por la de San Marcos en Lima, cuya fundación data del mes de mayo. Por decreto de la Real Audiencia se declara fundada la cátedra de Medicina el 13 de mayo de 1578. Durante su prolongada existencia, salvo los últimos cincuenta años, cumplió felizmente con sus cometidos e incluso en algunos momentos de manera muy brillante dentro del concierto de escuelas médicas de América.

A partir de 1770 se fue tornando aparente y cada vez más grave el deterioro al que estaba sujeta, con el consiguiente entorpecimiento para cumplir sus funciones. Tratando, en alguna forma, de remediar estas carencias, un año después se dan en España, los primeros pasos en el sentido de uniformar el currículo de todas las Universidades propias y las de su influencia exterior. La nueva estructura quedo conformada con seis sillas o cátedras: Prima, Vísperas, Pronósticos, Instituciones Médicas (método), Cirugía y Anatomía. Los textos así como los profesores que se encargaban de las distintas materias, en 1824 se resumen en la siguiente Tabla.

 

MATERIA PROFESOR LIBRO DE TEXTO
Prima de medicina Dr. Febles Fisiología de Bichat
Vísperas Dr. Liceaga Aforismos de Hipócrates
Método Medendi Bachiller Osorio Libros de Boerhave y Lázaro Riverio
Anatomía y Cirugía Dr. Calvillo Libros de Lacava, Villarverde y Lafalle
Matemáticas Dr. Joaquín Guerra Libro de Bails

 

El 12 de noviembre de 1830, en México se levanta un acta, en el sitio mismo donde se deberían realizar las disecciones, en ella se escribe que “desde hace tiempo se nombraron tres cirujanos y a pesar de eso no se han hecho las disecciones por lo cual los estudiantes carecen de esta instrucción. Se concluyó en nombrar nuevas ternas de profesores para que una vez aprobados por el Gobierno se ocupasen de estas tareas.

Por otro lado, la Escuela de Cirugía, organizada sobre la base de los colegios de Cádiz y Barcelona tenían las sillas de Anatomía, Fisiología, Técnicas Quirúrgicas, Clínicas Quirúrgicas y Medicina Legal de acuerdo a la organización que, como hemos visto anteriormente, se le dio en 1770. Este plan de estudios, que seguía muy de cerca a su contraparte española, separaba aquellos aspectos inherentes al adiestramiento quirúrgico que se realizaban en los Hospitales y los propiamente médicos que sólo requerían aulas en la Escuela.

El Colegio Carolino de Puebla, que había egresado a su primer médico en 1647, siguiendo planes similares padeció las mismas dificultades. Todo ello forzó a un grupo de médicos progresistas a fundar una Escuela de Medicina en Guadalajara, hacia el año de 1791, con la novedad de asociarle una Escuela de Cirugía un año después. Con esta unificación que era una parte del problema, se pretendía disminuir la brecha cada vez mayor entre las Escuelas Médicas españolas y las del resto de Europa, sobre todo en Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y Holanda.

Para aquellos que ejercemos la medicina, quizá los cambios experimentados en la enseñanza nos resulten más demostrativos. En el Hospital de Londres en 1786, se intenta un nuevo tipo de escuela que integraba por primera vez la educación de los médicos y cirujanos. No sólo se insistía en la necesidad absoluta de cursar y aprobar todas las materias sino que, a partir de 1800, se empezó a exigir el paso por los hospitales a fin de realizar prácticas médicas durante un lapso forzoso de cinco años antes de estar en posibilidad de aspirar a presentar examen escrito. Este venía a sustituir la antigua costumbre de solicitar examen oral. Todos estos cambios produjeron un tipo de médico con mayor aceptación social y ello se refleja de inmediato en un mayor afluencia de alumnos a las Escuelas Médicas. En 1797 la escuela constaba con 896 alumnos, cifra que aumento a 1390 para 1801 y dos mil en 1825.

Nos hemos de referir al Dr. Valentín Gómez Farías, precursor del movimiento liberal. Un político militante del liberalismo, considerado como el Padre de la Reforma por su valiente desempeño en la tarea de encauzar la vida de la nación por los senderos del progreso y de la justicia social que, gracias a un claro y firme propósito, legisló para hacer de la educación una actividad científica, liberándola de las trabas de la mentira y de la superstición. La casa paterna fue factor decisivo para que don Valentín realizara con éxito los estudios que lo llevaron a la Escuela de Medicina de la Universidad en Guadalajara. Estudios que logró con las dificultades y tropiezos propios de la época y entre los que tuvo que cubrir los cursos de filosofía en el Seminario Conciliar de Guadalajara.

La reforma educativa que más escándalo suscitó entre “la gente decente, católica y de sociedad”, fue la que don Valentín —médico al fin— introdujo en la Escuela de Medicina, al poner en práctica programas y métodos científicos de enseñanza, que estableció la observación y práctica directa de los estudiantes y maestros como norma. Por primera vez, la anatomía la aprenderían los estudiantes “en vivo con los muertos”, en el gabinete de “disección de cadáveres humanos”. Enseñanza experimental con la participación personal de cada alumno, viva y activa, en lugar de aburridas disquisiciones sobre lo que, muchas veces, los mismos catedráticos no entendían. Gómez Farías estaba ya en el camino —y al frente de los que por él transitaban— de la lucha política a favor de la reforma y no regateó su participación en ella. Mientras tanto, Santa Anna, desde Manga de Clavo —su hacienda— seguía maquinando su participación en la vida política del país y así el 29 de marzo de 1833, fue electo presidente de la República, llevando en la vicepresidencia al doctor don Valentín Gómez. Pero el astuto veracruzano —como lo había anticipado en su carta del 16 de marzo, en la que lo anunciaba— no se presentó. Gómez Farías tomó las riendas del Estado y se abrió un nuevo capítulo en la vida de la historia nacional, para modificar la enseñanza y en particular los cambios en la enseñanza médica. La oportunidad llegaría en el año de 1833. El 30 de marzo se le encarga la presidencia de México al General Antonio López de Santa Anna y la vicepresidencia al Dr. Valentín Gómez Farías. Durante ese año se hizo cargo de la presidencia de manera interina, debido a diversas causas en cuatro ocasiones. Durante la tercera, en el lapso que va del 5 al 27 de octubre, emitió los decretos que tenían como finalidad modificar la instrucción pública. Primero suprimiendo las funciones de la Universidad y después creando Seis Establecimientos bajo la Dirección General de Instrucción Pública.

El primero de Estudios Preparatorios, instalado provisionalmente en el Hospital de Jesús y luego en el Colegio de San Gregorio; el segundo de Estudios Ideológicos y Humanidades, en el convento de San Camilo; el tercero de Ciencias Físicas y Matemáticas, en el Seminario de Minería; el cuarto de Ciencias Médicas, en el Convento de Belén; el quinto de Jurisprudencia, en el Colegio de San Ildefonso y el sexto de Estudios Sagrados en el Colegio de San Juan de Letrán. Además en el Hospital y Huerta de Santo Tomás se establecieron cátedras de botánica, agricultura práctica y química aplicada a las artes. Además se establecía la organización de la Biblioteca Nacional y del Teatro Nacional y finalmente habría de convertirse el Conservatorio de Antigüedades Mexicanas y el Gabinete de Historia Natural en el Museo Mexicano. El documento emitido el 23 de octubre de 1833 era el inicio de esa reforma radical y por largo tiempo pensada por una clase media mexicana que necesitaba este cambio.

El documento, en su primera parte suprimía a la Universidad y dice al pie de la letra: “Autorizado el Exmo. Sr. Vicepresidente por la ley del 19 que rige dada por el Congreso General para arreglar la enseñanza pública en el Distrito y Territorios, ha tenido a bien S.E. en decreto del mismo día, expedido a consecuencia de la ley misma, suprimir la Universidad de México, substituyendo en su lugar una Dirección General de Instrucción Pública; siendo consiguiente a este disposición que la expresada Universidad cese en sus funciones hasta el nuevo arreglo de enseñanza, se ha servicio S.E. nombrar a usted Manuel Eduardo de Gorostiza, para que pasando a ese edificio asociado a un escribano manifieste esta providencia al Rector de Escuelas y reciba de él, la casa, los muebles, biblioteca, libros, cuentas, escritura y todo lo demás que pertenezca o pueda pertenecer a la Universidad bajo formal inventario, arreglándose Ud. a las instrucciones que se le extendieron al confiarle la misión”.

Con la fundación del Establecimiento de Ciencias Médicas se implantaron los estudios modernos de la medicina. El gobierno de Valentín Gómez Farías “impulsó la instrucción pública; cuidó conservar la integridad nacional, y procuró abolir la pena de muerte”. Pero las reformas educativas de Gómez Farías afectaron los intereses del clero y de grupos políticos extremistas, que presionaron al presidente Antonio López de Santa Anna a suspender las actividades de la Academia de Medicina.

Como habíamos escrito el Cuarto Establecimiento correspondía a las ciencias Médicas con las siguientes cátedras asignadas:

Anatomía General descriptiva y patológica

Fisiología e Higiene

1º y 2º de Patología Interna y Externa

1º y 2º de Clínica Interna y Externa

Materia Médica

Cirugía y Obstetricia

Farmacia teórica y práctica

Medicina Legal

Según el capítulo IV, en relación a los pre/requisitos se exponía lo siguiente:

Dos cursos de latinidad

Un curso de francés

Aritmética, álgebra, geométrica y lógica

Física, Historia Natural

Botánica y Química

En el capítulo V, artículo 18, se lee:

Para obtener el grado académico es necesario:

  1. Acreditar haber cursado todas las materias señaladas
  2. Aprobación del examen particular de cada materia.
  3. Aprobación del examen general: Examen, lectura de la disertación señalada previamente por la Dirección.

 

Muchos médicos estaban listos para el cambio, para aceptar su responsabilidad, orientando sus esfuerzos y conocimientos para dar forma organizativa y contenido científico al Establecimiento de Ciencias Médicas, tomando como punto de partida el criterio docente de la Escuela de París y rompiendo con los moldes clásicos tradicionales, así proponen el siguiente programa de materias médicas modernas:

 

Director Dr. Casimiro Liceaga y Quezada
Subdirector Dr. José María Benítez
Anatomía Dr. Guillermo Chaine
Dr. Louis Jecker
Preceptor Dr. Salvador Rendón
Fisiología e Higiene Dr. Manuel E. Carpio Hernández
Patología Interna Dr. F. Ignacio Erazo y Ocampo
Patología Externa Dr. Pedro A. Escobedo y Aguilar
Clínica Interna Dr. Francisco Rodríguez Puebla
Clínica Externa Dr. Ignacio Torres
Materia Médica Dr. Isidoro Olvera Baena
Operaciones y Obstetricia Dr. Pedro del Villar y Bravo de Hoyos
Medicina Legal Dr. Agustín de Arellano
Farmacia Dr. José María Vargas

 

El cambio estaba dado, sin embargo, los problemas para la nueva institución apenas empezaban, se inicia un largo peregrinaje que a duras penas es sorteado por este grupo de médicos que, poco a poco, logran sobrevivir y seguir adelante.

El establecimiento de Ciencias Médicas quedó alojado en el Convento de Betlemitas desde el 27 de noviembre de 1833 hasta el 26 de octubre de 1835. No pasó mucho tiempo antes de que se iniciaran las dificultades y esto ocurrió al día siguiente de la inauguración de los cursos. Santa Anna desconoció la fundación del Establecimiento dejándolo sin subsistencia legal y tres meses después se derrumbaba la obra del Dr. Gómez Farías al restablecer a la Universidad y todos los colegios a la situación previa. Todos los centros recién inaugurados tuvieron que cerrar sus puertas con la única excepción del Establecimiento de Ciencias Médicas. Se decidió entonces que ante la situación se formaría una comisión que habría de determinar las condiciones reales de esta Escuela. El fallo del gobierno fue conservar la vida de la institución cambiándole de nombre a Colegio de Medicina. Sin embargo, en la realidad se retiraron los sueldos a catedráticos, personal y becas colegiales.

El doctor Casimiro Liceaga invirtió casi toda su fortuna para solucionar la situación y llegado el momento, reunió en una junta a todos los profesores y alumnos. Los profesores convinieron no cobrar sueldos y cubrir entre ellos los gastos de la escuela. Tras nueve aperturas y clausuras en diferentes domicilios, es hasta 1854 en que el Gobierno ante la presión social presta el edificio que fuera sede de la Inquisición y en 1856 lo puso en venta en la cantidad de $50, 286.00 pesos para cubrir con salarios caídos y saldo posterior.

Siempre que paso por la carretera hacia Querétaro, hay un letrero que siempre me llama la atención la del municipio de  “Pedro Escobedo” y de pronto me pregunté ¿y quién era Pedro Escobedo? Y cual va siendo mi sorpresa al buscar la historia de este personaje y me encuentro con que era médico, pero lo que llama la atención fue su amistad con don Valentín Gómez Farías y el hecho de haber salvado de grave enfermedad a la esposa del General Antonio López de Santa Ana. Poco después su gran proyecto se concretó del 27 de noviembre de 1833 hasta el 26 de octubre de 1835, al abrir sus puertas la Escuela de Medicina y Cirugía en el Convento de Betlemitas. En 1841, el ilustre médico, asociado con otros nobles profesionistas, compraron el palacio de la Santa Inquisición para ubicar ahí su escuela; lugar donde funcionó más de un siglo para ser trasladada posteriormente a la Ciudad Universitaria.  En la ciudad de Querétaro nació Pedro Alcántara Escobedo y Aguilar, el 19 de octubre de 1798. Doctor.

Fue maestro de Cirugía Operatoria y de Patología Externa; luego Vice rector y después Rector de la Escuela. A sus discípulos no sólo les comunicaba sus sabias lecciones sino que con el producto de su sueldo compraba libros e instrumentos que repartía entre aquéllos. A su costa editó la Farmacopea Mexicana, obra que escribió en su totalidad el Doctor Leopoldo Río de la Loza, primera en su tipo en México.

El Dr. Valentín Gómez Farías dejo de existir  el 5 de julio de 1858 a los 77 años de edad en la ciudad de México, pero dejo como herencia el rescate de la enseñanza y el ejercicio médico de los moldes hipocrático galénicos arabizados, lo que constituyo lo mejor que hubo en su tiempo. Logrando abrir el camino a la medicina científica occidental de extracción europea con marcado predominio de la escuela francesa, para tratar de ponerse al nivel de la época.

A partir de ese momento la medicina mexicana cambia definitivamente de camino. Muchos atacaron al grupo de profesores que fueron progresistas y de vanguardia y que mostraron todos haber forjado una Escuela que cambiaba por completo y rompía con el pasado. Nos enseñaron como tratar al paciente, nos dijeron como debíamos explorarlo y medicarlo, como intervenirlo quirúrgicamente, como reintegrarlo a su vida familiar y laboral, nos enseñaron a llevar a cabo una relación médico paciente; “mi médico”, “mi doctor”, “mis pacientes”.

Sin embargo, ahora me encuentro con que la relación médico-paciente, ha sufrido una evolución sustancial en los últimos treinta años. Esta transformación se expresa, entre otras cosas, en la terminología aplicada sucesivamente para hacer referencia a la misma. Estos cambios en la terminología se asocian con el número de actores que entran en juego y con la forma de concebir a quien se acerca a las instituciones de salud.

A medida que la medicina se ha hecho más compleja son más los profesionales de la salud (médicos generales, especialistas, kinesiólogos, enfermeros, nutriólogos, etc.) que participan en la relación. Asimismo, el paso desde usuario a paciente se debe a que no todos quienes buscan atención sanitaria son de hecho enfermos. Por el contrario, en la medida en que se han implementado políticas de prevención y promoción de la salud, cada vez son más las personas sanas que se acercan a los hospitales y centros de salud.

Ahora bien, el término “paciente” connota pasividad en oposición a la actividad desarrollada por los “agentes sanitarios” (médicos, enfermeras, laboratoristas, etc.) Por otro lado, el vocablo “consumidor” adquiere sentido en un contexto económico en el que los bienes se clasifican en bienes de consumo y bienes de producción siendo la salud concebida dentro del primer grupo. La expresión “cliente” pertenece también a un contexto económico pero de corte liberal en el que la profesión médica se concibe como profesión liberal y a los pacientes como “clientela”.

Por su parte, el término “usuario” es el más amplio pues no presupone qué tipo de bien es la salud ni tampoco si la relación con los profesionales de la salud se establece en un marco liberal o de medicina socializada. Es interesante señalar que las expresiones usuario, paciente y enfermo son incluyentes porque cada una de ellas denota un rol particular. Cuando alguien realiza los trámites administrativos para autorizar estudios o solicitar un turno es un “usuario” del sistema de salud. Luego, cuando permite que se le practiquen estudios complementarios, será “paciente”. Si estos estudios detectan alguna anormalidad se convertirá en “enfermo”. Antes no.

“A ver señorita asistente, páseme al usuario que quiere hablar conmigo”. Señor “paciente” le faltan algunos estudios, regrese cuando los tenga, porque no puedo catalogarlo todavía como enfermo. O, señor “enfermo” ya que tiene todo para calificarlo como tal ¿qué le pasa? Dígamelo rapidito porque tengo más “clientes” que ver. Esto la verdad me parece una burla, no es para mi la medicina que me enseñaron ni la que he enseñado durante todos estos años.

Modelo paternalista, paternal o parental para atender a un paciente. Se trata del modelo tradicional, el que ha sobrevivido a través de los siglos desde Asclepio e Hipócrates. También se lo conoce como modelo “sacerdotal”. Se funda en lo que hoy llamamos principio de beneficencia y reproduce, de alguna manera, la relación que se supone existe entre un padre y su hijo. El padre es el que tiene el saber y la experiencia y, además, siempre desea el bien para su hijo. Su benevolencia llega a tal punto que hasta se sacrificaría por el, sin embargo, el bien es entendido desde la óptica del padre, no desde la perspectiva del hijo. El buen enfermo, como el buen hijo, ha de ser sumiso y obediente. La relación es, por tanto, asimétrica. Está alterada y esto para muchas personas es estar equivocado. Quisiera yo verlos con una enfermedad terminal y que hubiera “prestadores de servicios sanitarios” que los trataran como muebles, como cosas, como usuarios. Yo prefiero seguir con el modelo paternalista, y cada vez que me vuelvo más entrado en años, como “enfermo” quisiera que me trataran como persona, no como usuario, número, mueble, existencia o cliente que toma su “ficha” como en Office Max para ser atendido. ¿Estaré equivocado?

Así que profesionales y estudiantes de medicina, por este motivo, al recordar cada año el 23 de octubre se rinde tributo a un grupo de médicos decididos que dieron un paso adelante en la evolución de la medicina. Por este motivo se debe afirmar que la fecha es trascendente y significativa en la crónica de la Medicina Mexicana.

Cabe mencionar que existe un día del médico en diferentes partes del mundo de acuerdo a ciertos acontecimientos, para conmemorar el natalicio de algún personaje o de inicio de una actividad médica o fecha significativa. En México, es el 23 de octubre, y como tal debemos festejarlo.

¡Felicidades Médicos mexicanos!

 

Dr. José Luis Sánchez Mejía

Ortopedia y Traumatología

You might also like More from author

Leave A Reply

Your email address will not be published.