BRONCEMIA 1ª PARTE

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Quizá el título de este tema no sea muy conocido, pero trataré de explicarlo.

El cobre es un oligoelemento esencial para la eritropoyesis, esto es, la formación de hemoglobina y absorción de hierro, se relaciona con la actividad de enzimas tales como la tirosino-cinasa y catalasa, y participa en el mantenimiento de la integridad del colágeno, elastina y sistema nervioso central.

Sin embargo, la toxicidad por cobre determina alteraciones en los diferentes sistemas, pudiendo en algunos casos ser letal.

El cobre puede formar parte de aleaciones con otros metales, como con el estaño, que forma precisamente el bronce.

EL BRONCE:

Los primeros testimonios de la aleación cobre-estaño/arsénico se fechan en el IV milenio a.C. (SUSA I-II y TEPE SIALK III).

En el cercano Oriente, sin embargo, el uso del bronce sólo se generaliza a partir del III milenio a.C. (Tepe Gawra, Ur, Asmar, Sabra, Kish, Horotzepe, Tell Qara Quzat), mencionándose incluso el término “bronce” en las tabillas sumerias (zabar) y acadias (siparrum).

Los ritmos cronológicos, y, sobre todo, el grado de pureza del bronce obtenido nos informan de un mayor desarrollo tecnológico en Siria que en Mesopotamia.

Desde el Mediterráneo Oriental –en que se introduce el bronce en los inicios del III milenio a.C.– éste pasa al Egeo, donde se difunde notablemente, y será en donde alcance mayor desarrollo tecnológico y cultural en este periodo.

Desde el Mediterráneo, ya en el II milenio a.C., el bronce empieza a difundirse por el Danubio y el Cáucaso, donde empieza a aparecer en ajuares.

Sin embargo, hasta el 1200-750 a.C., no se generalizará el empleo de este metal, que alterará las técnicas agrícolas y las estrategias guerreras.

El estaño adquiere su valor metalúrgico por su asociación con el cobre. Añadiendo al cobre un 10% de estaño se obtienen varias ventajas con el bronce resultante como es disminuir la temperatura de fusión, la obtención de un metal fundido de una gran fluidez y, por supuesto, la mayor dureza del bronce que del cobre. Sin embargo, un exceso de estaño, más de un 13%, vuelve al bronce quebradizo lo que lo hace inservible para objetos utilitarios.

Hoy les voy hablar de la Broncemia, una enfermedad muy especial, porque este termino no existe aún en el diccionario de la lengua española.

Broncemia, etimológicamente significa una cantidad exagerada de bronce en sangre, las personas que la padecen, al ir avanzado en años, al comenzar a llenarse con bronce, y empezar a sentir los primeros síntomas creen que se van convirtiendo en próceres, héroes, y sueñan con que su estatua de bronce, adorne una calle de la ciudad en donde viven.

Un entrenador sueña con que su estatua quede para la posteridad afuera del estadio en donde cosecho varios triunfos y campeonatos. Un ejemplo más reciente es la develación de la estatua de Sir Alex Ferguson entrenador del Manchester United. Noviembre 2012. Afuera del estadio en donde más títulos obtuvo.

O en el caso de los médicos, se imaginan que su efigie quedará en un pedestal en el patio del hospital o la clínica en donde trabajan o laboraron por decenas de años. En una escultura individual, fundida en bronce, con base cuadrada como parte integral de la obra. La escultura debe estar sobre un pedestal hexagonal alto, forrado en piedra.

De carácter conmemorativo, debe ser una escultura del género retrato, realizada bajo los parámetros del canon clásico el cual, según palabras de Plinio, debe intentar reproducir los personajes “tal como son…” y no “…tal y como el ojo los ve”, debe tenerse la capacidad de llevar más allá de cualquier obra de arte realizada, captar la grandiosidad o la excelsitud del personaje. Casi alcanzando a algún dios olímpico.

Este termino aunque lleva más de tres décadas acuñado, apenas me enteré de él. Y proviene de un médico de Córdoba, Argentina, el doctor Feijoó Osorio, un médico reconocido en el servicio de cirugía en un hospital de segundo nivel de aquella ciudad. Y ahora actualizado por el Dr. Occhiuzzi. Al parecer, fue otro médico argentino, el doctor Narciso Hernández, quien acuñó el término y difundió la ingeniosa idea. De ellos es la historia.

Ellos mencionan que los enfermos de Broncemia pasan por dos etapas. Se creen dioses, pero son tipejos cargados de soberbia, arrogantes y aislados que han perdido la noción de la realidad. La primera es la etapa de la “importantitis”, en la cual el personaje se cree tan importante, que nadie es mejor que él. El término importancia como tal, se refiere a la trascendencia y al valor que algo o alguien ostentan per se o por las circunstancias que lo rodean.

Por ejemplo, Juan Pérez puede no ser importante por si mismo, sin embargo, por el hecho de ser el hijo de un político trascendente, eso ya lo hará importante (el se creerá importante) y le dará cierto prestigio y categoría social.

Un chofer de algún político, será importante en la medida que ese personaje le de su categoría de “chofer especial”.

Los hijos de algún secretario de estado o de alguna empresa paraestatal, serán importantes, dignos, capaces, riquísimos, buenos estudiantes, sin pecados (salvo el original).

Generalmente se lo utiliza cuando se quiere hablar de la superioridad de algo o alguien por sobre otros que se encuentran un escalón por debajo (léase: jodidos)

La segunda etapa es la “inmortalitis”, que consiste en la convicción de que merece que su memoria se perpetúe a través del tiempo. La humanidad se debería sentir dichosa y orgullosa de su paso por la tierra. Es muy lógico que su efigie se exhiba en estatuas de bronce que canten su inmortalidad. un ser infinito situado por encima de la muerte y del tiempo. El piensa que se le debe realizar una estatua, una figura labrada a imitación del natural. Y considera que debe ser catalogado como héroe nacional.

¿En donde se desarrolla esta enfermedad?, generalmente en aquellos lugares que presumen de un alto nivel de intelectualidad, y el medio ecológico ideal, sin ninguna duda es la universidad y la política.

Pero también se han descrito casos muy severos en tribunales (de la nación, obviamente), grandes hospitales, en sociedades científicas, en empresas, también en instituciones deportivas de renombre. En la clase política, es donde se ve con mayor claridad el síndrome y sus repercusiones. Sin antecedentes que lo hagan presumir, la soberbia, prepotencia y solemnidad propias del broncémico aparecen en el político de manera espontánea.

Imagínense que los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la nación, ganarán cada uno cerca de 500mil pesos mensuales, por los próximos 25 años (eso será su sueldo solamente, 12.5 millones de pesos). Pero además, los gastos de comida, médicos, automóvil, choferes, ayudantes, servidumbre serán pagados íntegramente por nuestros impuestos. Eso es ser importante, es estar muy por encima de los demás. Desde este momento ya empezaron a presentar los primeros síntomas, la broncemia, ha llegado a ellos.

Otro dato importante es la edad, generalmente comienza a aparecer entre los 50 a 55 años, pero los casos más severos empiezan a partir de los 60 a 65 años, que es cuando el hombre en su deseo de disertar y hablar de cosas que generalmente ha leído en forma bastante superficial, esta en relación inversa con su edad, y su capacidad de comprender y discutir.

Llegan a hablar cosas ininteligibles, rebuscadas, que sólo entienden ellos, y uno, al poner cara de interrogante… sienten que han llegado a lo sublime.

Los próceres de la Academia, afectados por la enfermedad, se instalan en las torres de marfil del conocimiento inerte y contemplan desde la altura de su petulancia a los iletrados paseantes.

Cuando una cantidad exagerada de bronce llega a la sangre, el paciente empieza a pensar que su rostro merece ser esculpido y exhibido a la generación presente y a las sucesivas, dada la inconmensurable valía de sus aportaciones científicas, sociales o políticas.

El sexo también es importante, se creía que afectaba más al sexo masculino, pero vemos ahora con el auge del feminismo, que si hiciéramos nuevas estadísticas bien concretas, encontraríamos a gran número de mujeres con broncemia. Aunque algunos autores están de acuerdo en asegurar, que la broncemia en las mujeres está presentándose con casos de extrema gravedad y, que resultan… prácticamente incurables.

La broncemia es una enfermedad contagiosa. Estar rodeado de broncémicos encierra un peligro notable. La adulación es una de las formas más destacadas y frecuentes de contraer la enfermedad, así como la falta de autocrítica y, por supuesto, de humildad.

Quien tiene poder, fama, dinero o muchos atributos físicos, en edad interesante o en posición social privilegiada está en situación de riesgo. Hay quien se cree más, por haber alcanzado el éxito, sin caer en la cuenta de que éxito se va muchas veces como llegó.

Los síntomas más comunes del broncémico son tres: la diarrea mental, la hipoacusia interlocutoria y el reflejo céfalo-caudal.

La diarrea mental, se caracteriza por la verborragia exagerada con la que el broncémico habla y habla, todo lo que su cerebro depone y su boca puede decir, no importando lo que dice, hasta de lo que desconoce, escuchándose a si mismo. Generalmente habla erguido, como si estuviera hablando desde un púlpito o un atril, para los seres inferiores.

La sordera interlocutoria siempre acompaña a la diarrea mental, cuando el broncémico habla, habla y habla; sus oídos no escuchan nada. Cuando el broncémico habla no escucha a nadie, siente y considera que solamente él es dueño de la verdad y la sapiencia. Es un ser desconectado de los que el rodean. En entrevistas que le hacen a ciertos personajes, hablan y hablan, no contestan a las preguntas que les hacen entrevistadores, periodistas o algún simple mortal.

El reflejo céfalo-caudal, es aquel que da la característica caminata con la cabeza elevada y con la cola parada por la impregnación de bronce. Algunos autores dicen que el bronce empieza a depositarse primero en los pies y después sube hasta llegar al cerebro. Y si esto es cierto, posiblemente justifique el hecho de que los broncémicos, desde el comienzo de su enfermedad ya no caminan… se desplazan majestuosamente, como si se deslizaran. Están alcanzando su máximo proceso. Casi flotan en el éter, están por encima de los demás.

Esto de la broncemia, pensaba yo era una cosa actual, pero no es así,

Les contaré una historia: El sistema de castas de la India, en sánscrito varna, es un sistema hereditario de estratificación social que ha existido en el subcontinente desde hace aproximadamente más de 2500 años. El sistema de castas está profundamente ligado al hinduismo (una de las tres religiones principales de la India).

El primer texto hindú en hacer referencia a los varnas como las cuatro grandes clases es el Purusha-sūkta del Rigveda. Allí se dice que Purusha el ser supremo o el primer ser, mediante su sacrificio primigenio, su inmolación, se crearon todos los seres y cosas que existen, y de él salieron las cuatro grandes castas:

Podría considerarse hasta una quinta casta, aunque esta es la de los no tocables o intocables llamados:

  1. Los dalits (parias, mlechas) son los intocables, una clase tan baja que se considera fuera de los varnas. Sin derecho a nada.

La 4ª casta la de los shudrás (siervos y los obreros), que provienen de los pies de Brahmā.

La 3ª, los vaishias (comerciantes, artesanos y agroganaderos), que se formaron de las caderas de Brahmā.

La 2ª, la de los chatrías (clase política-militar), que salieron de los hombros de Brahmā.

Y la primera casta la de los brāhmanes (sacerdotes, médicos, académicos) son la casta más alta, que —según ellos— salieron de la boca de Brahmā.

Creo que muchos de los políticos, artistas, empresarios, médicos broncémicos, creen realmente que descienden de esta primera casta, la de los brahmanes.

Dentro de la historia de la medicina, todos han oído hablar de Galeno. Médico y filósofo griego, también conocido como padre de la medicina deportiva. En el año 157, trabajó como médico en la escuela de gladiadores en Roma, en la que pudo describir minuciosamente el esqueleto y los músculos que los mueven.

Al cabo de tres años viaja a Roma donde consiguió una gran reputación como médico, alcanzó gran prestigio y tuvo la protección de parientes del emperador Marco Aurelio. En el año 167 Galeno tuvo las puertas abiertas para alcanzar la corte imperial, desempeñándose como médico en las cortes de los emperadores Lucio Vero, Marco Aurelio y Commódo.

Galeno era un broncémico de primera línea, un ególatra incorregible, hablaba constantemente de sus grandes ganancias, de su fama y revestía a todas sus curaciones de una aura milagrosa, para impresionar a la gente. Pero esto es historia.

Un medicamento preparado por Galeno, conocido como “triaca” o “teriaca” constaba de 70 ingredientes y pretendía ser una especie de antídoto universal. Este remedio permaneció vigente hasta el siglo XIX, siendo debida su popularidad al hecho de contener opio. Quizás no curaba todo, pero debemos pensar que era un alucinante brebaje.

Pero en la época actual, hoy mismo, estoy seguro que cualquiera de nosotros en el lugar en donde desarrollamos nuestras actividades, en donde trabajamos, tenemos que convivir con broncémicos.

Aunque la broncemia es una enfermedad antigua, casi tan vieja como el género humano, nunca se ha extendido tanto como en estos tiempos. Prácticamente todos nosotros conocemos a un broncémico, fácilmente identificable por sus primeros síntomas. Muchos autores dicen que uno de los principales síntomas que tiene el broncémico, es que comienza a perder la capacidad de sonreír.

Og Mandino dice:

Nunca permitiré que me vuelva tan importante, reservado y poderoso, que no pueda sonreír a los demás y reírme de mí mismo.

El Dalai Lama a su vez considera: Si alguna vez no te dan la sonrisa esperada, sé generoso y da la tuya. Porque nadie tiene tanta necesidad de una sonrisa, como aquel que no sabe sonreír a los demás.

Sonreír es una señal de confianza, autoestima, buenos modales y autocontrol. La persona que sonríe muestra profesionalidad, elegancia y proyecta un buen ánimo, que es por demás contagioso.

Sueño con mi capacidad de sonreír. Porque eso también lo he perdido por completo”. Ignacio Delgado.

Pero más vale tu sonrisa triste, que la tristeza de no verte sonreír.

Seguir hablando de los síntomas del broncémico quizá ya no sea importante; pero tal vez lo trascendental en esta plática, sea: ¿qué podemos hacer para que nuestros jóvenes, no se contagien de broncemia?

Creo que lo que tenemos que hacer, con todos nuestros esfuerzos es tratar de imbuirles en sus mentes, en sus cerebros, el deseo de ayudar a sus colegas, a sus colaboradores, a sus pacientes; sembrar dentro de ellos, para que florezca el espíritu de servicio.

Y quiero distinguir entre servicio y el espíritu de servicio; recuerda el Doctor Occhiuzi hace muchos años, cuando estaba haciendo su tesis doctoral, en la sala de cirugía experimental, vio que un conejo le estaba quitando a otro conejo, las suturas del lomo, los dos estaban postoperados.

Esto de quitarle los puntos de un animal a otro, no es extraño, entre la conducta de ellos. inclusive animales de distintas especies se sacan las espinas o los cuerpos extraños. Lo que este conejo le estaba haciendo al otro, era un servicio; porque el servicio es eso, un acto que puede ser instintivo, y no necesitar la razón.

En cambio el espíritu de servicio, es el profundo deseo de satisfacer a aquellos que necesitan de nosotros. No es un acto, es una actitud, es una función de vida. Si los médicos jóvenes, no se preparan para nutrirse intensamente del espíritu de servicio, están preparándose para contagiarse del síndrome de broncemia.

 

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